Saluda del Consiliario

Francisco Rosales Hernández

UNA NUEVA ETAPA Y UNA MISMA FE

Con el nuevo curso damos comienzo a una nueva etapa en nuestra Cofradía un período más que nos va acercando al encuentro definitivo con Jesús.

Una cofradía, y la nuestra así queremos que sea, es una asociación de cristianos que  se acompañan y ayudan en el caminar de la vida unos a otros como hermanos hasta  encontrarse con Jesucristo en la acogida final.

Cada etapa de este camino tiene sus características propias, dependiendo de las distintas situaciones históricas con que se va encontrando, pero siempre desde una misma  fe y con una misma esperanza. Un grave error sería dejar de mirar hacia adelante sin  poner los ojos en el Señor. Y otro de los errores no menos grave sería el competir unos  contra otros entre sus miembros, en vez de ayudarse todos entre sí.

Esta nueva etapa es hija de los esfuerzos e ilusiones que otros anteriormente han ido  desarrollando. Esta etapa, con una nueva directiva, asume la historia de la cofradía y la  impulsa con la misma fe que lo hacía la anterior. En nuestro caso, ir preparándose para el encuentro definitivo con el Señor significa ir  despojándose, como Él lo hizo, de todas aquellas actitudes que nos impiden madurar y,  también, ir prescindiendo de todo aquello con lo que podemos ayudar a otras personas,  tanto cosas materiales como actitudes, aunque nos vayamos quedando desnudos.

Así con los brazos abiertos, como la imagen de nuestro titular Jesús Despojado indefensos, pero con el corazón abierto, confiando en Dios Padre, retomamos esta nueva  etapa de nuestra cofradía.

Y os hago ahora una propuesta ¿habéis oído hablar a nuestro Despojado? Sí, para oírlo  hace falta ponerse en silencio interior delante de Él, con actitud de escucha. Él nos sigue dirigiendo a cada uno de nosotros aquella misma propuesta que repitió a distintas  personas mirándolas a los ojos: “¡Sígueme!”. Que significa “No seas un espectador  más, porque de esos ya tengo muchos”.

Y todo esto sabiendo que en esta aventura no vamos solos. Nos acompaña y nos ayuda  en ese caminar la Virgen María, nuestra madre, que, por sentirla cercana a los sufrimientos de todos sus hijos, la preferimos llamar: Virgen de la Amargura.

Una etapa nueva se nos abre ahora con mucha ilusión, mayor madurez en la fe, mayor  cohesión y hermandad entre los miembros. Ayudándonos todos, y de forma especial, fa-  cilitando la tarea a los componentes de la nueva directiva quienes, con responsabilidad,  y desde su propia fe en Cristo y en su Madre, han asumido la misión de dirigir en esta  nueva etapa a nuestra cofradía

FRANCISCO ROSALES FERNÁNDEZ

Párroco y Capellán de la Hermandad