Quinario a Jesús de la Pasión

Adoración a las 5 Llagas de Nuestro Señor.

Oración

Señor Jesucristo, Señor del Salvador, Señor Despojado nuestro, te pedimos que no nos desampares ni nos abandones; así lo esperamos de Ti, pues nos creaste y nos redimiste. Muertos estábamos por el pecado; y siendo Tú eterno, tomaste carne moral, y te entregaste a Ti mismo por nosotros, Despojándote de tu rango, Despojándote de Tus vestiduras. Para que tuviéramos vida, padeciste la muerte y con ella venciste a la misma muerte. Tanto nos amaste, Señor, que danto tu preciosa Sangre en precio por nosotros, quisiste morir en la Cruz para salvar a todos los hombres.

Concédenos Señor que nunca olvidemos estas muestras de tu amor, y que jamás nos apartemos de Ti, ya que por nosotros no te apartaste de la Cruz hasta morir en ella. Te rogamos, Señor Jesús de la Pasión, por el derramamiento de tu Sangre con que nos redimiste clavado en la Cruz, nos concedas una sincera conversión; de tal manera que lleguemos al verdadero arrepentimiento de nuestros pecados, y a disponernos a seguirte como auténticos discípulos tuyos. Concédenos también la gracia que ahora te pediremos en este Quinario, por la intercesión de María Tu Madre y Reina de la Amargura, por lo siglos de los siglos. Amén.

Pídase al Señor de la Pasión Despojado de sus Vestiduras, en cada día de este Quinario, la gracia que cada uno desee alcanzar por su intercesión en este Solemne Quinario de la Hermandad de la Amargura.

Récese un Padrenuestro, Ave María y Gloria.

Oración final

Señor Jesucristo: que en el Calvario fuiste despojado de tus vestiduras, y ya anteriormente en Belén quisiste despojarte de todo tu rango divino para poder compartir nuestra historia humana, haciéndote como un hombre cualquiera, y enseñándonos que ese camino de amor aunque estrechos, es el único que lleva a la Gloria.

Te pedimos llegar a descubrir el valor del desprendimiento de las cosas que nos hacen perder la paz. Igualmente te rogamos que seamos capaces de verte a Ti presente entre los pobres de la tierra, para que un día, al final del camino, oigamos de tus labios: «Ven Bendito de mi Padre porque estuve desnudo y me vestiste». Te lo pedimos a Ti, que vives y reinas, por los siglos de los siglos.